martes, 27 de octubre de 2009

aMAMAntamiento Materno



'La leche ha de salir de la mujer, no entrar en ella. Cuando se invierte el flujo, el sistema energético da marcha atrás y todo queda bloqueado'

La leche materna se adapta a las necesidades del recién nacido: la composición varía en cada mujer y, en la misma mujer, en el curso de semanas, del día e incluso durante una misma toma.
Al principio, el bebé absorbe el calostro, con alto contenido en calorías, anticuerpos, linfocitos y macrófagos, que es segregado por el pecho durante los primeros días que siguen al parto. El calostro ayuda como laxante para expulsar el meconio (heces presentes en el intestino del feto antes de iniciar sus funciones); está compuesto por azúcares y es un alimento con alto contenido energético y de inmediata digestión. Su función es desarrollar el aparato digestivo del bebé, mantener la energía, es decir, vencer la lucha contra el frío, eliminar la biliburrina, la urea y el anhídrido carbónico.
La composición de la leche se modifica en el curso de los meses para respetar la evolución de las necesidades del bebé. Del primer al sexto día, la madre segrega calostro; del décimo al trigésimo día se produce una leche con escaso valor proteíco pero rica en azúcares y grasas; y ya a partir del trigésimo día, con la progresiva madurez del aparato digestivo del bebé, se produce la leche definitiva.
La leche materna tiene función protectora frente a infecciones víricas y bacterianas, es decir protegen las paredes del intestino e inhiben el efecto de los alérgenos.

Se ha escrito mucho sobre la lactancia materna y por mi parte ya no cabe duda que es mejor que leche vacuna, leche que está compuesta con nutrientes que son imposibles de asimilar por un bebé.
Durante décadas, la ciencia occidental ha considerado como un progreso el hecho de sustituir con alimentos artificiales la leche que el organismo materno produce de forma espontánea. En la actualidad muchas futuras mamás se sienten desorientadas e inseguras con respecto a la lactancia materna, ya que no poseen ninguna familiaridad y ninguna referencia tradicional con el amamantamiento. El instinto materno de muchas mujeres se ha perdido y las normas de vida que nos han transmitido se oponen a la libertad necesaria para un buen amamantamiento.
Mientras que todos los mamíferos continúan amamantando con su propia leche a sus crías, el género humano ha establecido ciertas reglas: tomas con horarios, uso de productos para alcanzar las cantidades establecidas, el intervalo nocturno, el doble peso...
Pero si queremos dar una nutrición sana a nuestro hijo, si queremos establecer una relación directa con él, tenemos que seguir las reglas de la naturaleza.
El embarazo es el momento propicio para pararse a pensar, para analizar toda regla prefijada, para recuperar nuestro instinto maternal perdido.
Los bebés amamantados tienen un crecimiento regular, sin variaciones sensibles. El bebé doblará el peso del nacimiento antes de finalizar el tercer mes de vida y lo triplicará cuando cumpla un año.

Además de todo lo expuesto, es muy importante que la madre se nutra con alimentos naturales, de fácil digestión: verduras frescas, cereales integrales, sopas, legumbres y pescados blancos. Hay una serie de alimentos que dan un sabor especial a la leche y a muchos lactantes no les agradan: coles, ajos, espárragos, cebollas o alcachofas.
Otros alimentos como el vinagre, carnes, embutidos, conservas, quesos, especias, alcohol, café, tabaco y salvia pueden provocar problemas digestivos al recién nacido. Además, los fármacos también resultan nocivos, como los laxantes, los que contienen cortisona y los antiasmáticos ya que pasan a la leche.
Las semillas de anís, la avena, las semillas de hinojo y el lúpulo favorecen la subida de leche y mejoran su sabor, son alimentos galactóforos.
Por último decir que lo que más influye en la cantidad y la calidad de la leche es el estado de ánimo de la madre, su confianza en sí misma y en su bebé, ser consciente de estar viviendo un acto irrepetible para ella y para su hijo.
Libérate de normas establecidas, haz caso a las verdaderas necesidades de hambre de tu bebé, ya que cada niño es único e irrepetible y es absurdo imponer desde el exterior esquemas u horiarios iguales para todos.
La leche materna se asimila con más facilidad y por esta razón, siempre que se amamante al niño de forma natural, se le puede dar tantas tomas como desee.
Disfruta de este momento tan especial de tu vida y no permitas que la industria farmacéutica e infantil invadan tu intimidad, tu instinto y tu poder como Madre.
Salud y Buenos Alimentos.
yodisasi
www.nutricionencasa.com

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